Me encanta saber que se encuentra perfectamente, y aunque añore su sonrisa, su abrazo, su voz aterciopelada, aunque le añore a él, me conformo con saber que está bien.
La historia de un sueño cumplido.
Pignoise.
jueves, 3 de febrero de 2011
sábado, 8 de enero de 2011
Cinco de diciembre de dos mil diez. (II)
A partir de aquí empieza mi vida cerda, ahora sé y comprendo que vale la pena luchar. Vale la pena luchar por ellos, demuestro que "el que la sigue la consigue", después de años esperando este momento, ¡LO CONSEGUÍ! Son espectaculares y por eso y por un millón más de detalles... les quiero.
Subí los escalones del camerino, entré por la puerta, y allí estaban, en carne y hueso, tanto que yo me había imaginado. Giré la cabeza hacia la izquierda y allí estaba él, Álvaro. Mi ídolo, el hombre que me hacía sentir tremendamente feliz con un simple play, fui hacia él casi llorando, me dijo ''Hola'', me dio un beso en la mejilla y cuando fue a por el segundo, le abracé, le achuché como si fuera el fin del mundo (igual es un poco exagerado). Tuve que soltarle, aunque no tuviera ganas, y se repitió lo mismo con Polo aunque tuve que esperar un poco para que esto sucediera ya que él con la baquetas en mano estaba conversando con otra persona que los nervios no me dejaron ni ver. Polo tenía esos preciosos ojos verdes, que son tremendamente alucinantes. Fui a por Pablo, y sucedió lo mismo. Le dejamos las dos cámaras al manager y nos sacó la foto con ellos, sentía la mano de Álvaro sobre mi espalda y también la de Pablo. Una vez en frente otra vez de Álvaro, mi prima pronunció ''Somos'' y debido a los nervios, en eso se quedó. Yo acabé la oración, ''del club de fans en Facebook Álvaro Benito Todo y Héctor Polo Todo'', no nos lo esperábamos pero Álvaro nos dijo: ''¡Al fin nos conocemos!". Oír éso, para mí fue algo indescriptible. Después Álvaro bromeó y dijo : ‘’Podríais hacerle uno a Pablo, ja, ja, ja.”. (Y por cierto... después del concierto lo hicimos!) Pasadas las risas, abrí el bolso impacientemente, saqué mi disco, la libreta de mi prima y el permanente (que ahora mismo se encuentra en una bolsa hermética). Le di mi disco a Álvaro y el permanente, me preguntó por mi nombre, yo se lo dije y tenía ganas de hacerle una foto pero no podía moverme por la emoción, el disco pasó a Polo y a Pablo. Mientras lo firmaban, se escuchaba a Polo pedir un gelocatil. Le dijeron que se lo tomase con algo, él dijo: ''Igual me lo tomo así, jajajaja". Le firmaron la libreta a mi prima. Ya teníamos las firmas, a Álvaro se le salió un... ''Y ahora la foto'' pero lo pensó mejor y volvió a decir ''Ah no, que ya la hemos hecho.'' Eso era una indirecta, se acabó nuestro tiempo. Teníamos que salir de aquel sitio. Salimos. Y nada más salir les grité que les quería pues, era totalmente verdad. El manager nos dijo que teníamos que dar toda la vuelta para entrar de nuevo, y lo hicimos. Unos niños comenzaron sus estupideces como que uno de ellos estaba más bueno, en fin, para gustos colores. Yo lo negué rotundamente. Entregué la entrada y el de seguridad se la quedó, me quedé boquiabierta. Encontré al conocido que me había pasado al camerino y le abracé y le di las gracias porque si no hubiese sido gracias a él yo ahora mismo no tendría esa preciosa foto que miro día a día y me digo a mí misma... "no fue un sueño, fue real". Directamente fui a ponerme en primera fila pero ya había gente, busqué a mi amiga pero no la encontraba, perdí a mi prima, encontré a un amigo y lo dejé por el camino, pregunté a dos chicas por si podían ayudarme a buscar a mi amiga, le llamé cinco veces y no me lo cogía. De repente, una llamada me salvó, mi prima. Me decía que estaba junto a mi otra amiga y fui directamente. Me colé, la gente a la que dejaba atrás se quejaba pero a mí me daba igual. Yo quería verles de cerca aunque ya les acababa de ver minutos atrás. Me puse en segunda fila, tras minutos de presión, salieron al escenario. Quitando el humo de las de delante y la lana del jersey del que me tapaba a Álvaro, el concierto estuvo espectacular. Los movimientos de Álvaro con la guitarra, las risas, las bromas, todo. GRACIAS. Por esa gran noche, nunca la olvidaré.
Aun así... confío en que nos volveremos a ver.
Cinco de diciembre de dos mil diez. (I)
Voy a contar un sueño, un sueño hecho realidad, mi sueño.
Cinco o seis de la tarde, sabía que me esperaba una gran noche en la que podría encontrarme con la tristeza o con la felicidad. Decidí bajar a la barraca para situar en mi cerebro el lugar de los camerinos y para ver el ambiente que había, con la cabeza llena de pensamientos de desesperación, crucé los dedos lo máximo que pude y recé para que no hubiese nadie en cola a esas horas. Llegué, ¿qué me encontré? El recinto abarrotado de personas cantando, pregunté y ni caso, ni idea de sobre qué hora aproximadamente llegaría Pignoise. No sabía qué hacer, si volver a mi casa o quedarme allí, sabía que de un momento a otro las fans podrían ponerse en la cola y tenía miedo, miedo a fracasar porque sinceramente ya no me quedaban esperanzas para otro concierto más. Volví a mi casa con la intención de volver pronto, desesperada, ya empezaba a confundir ''concurso'' con ''concierto'' y veía a cualquier persona como un fan, tanto si tenía 7 años como si tenía 80. Estaba perdiendo el juicio y la paciencia. Cené rápidamente mientras revisaba todas las redes sociales de ellos en busca de algún mensaje, alguna hora, algún detalle que me pudiese ayudar. Al fin lo encontré, Polo había puesto en Twitter: "Camino a torrevieja!!que ganas de tocar....". Eso implicaba dos cosas:
1. Tenía que bajar lo antes posible.
2. Les quedaba muy poco tiempo para pisar Torrevieja.
Un suspiro. Eran las siete y estaba de camino, sufriendo, temblando y rezando, no podía más con la presión. Me desesperé al confundir la cola de los gofres con la cola del concierto. Por fin, ya estaba en cola, lo había conseguido. Había dos grupos de amigos solamente, salvación, había llegado a tiempo. Después de tres horas y media de cola intensa, veo que se acerca un hombre de pelo negro y rizado, con gafas y una capucha. Es Pablo, sí, es él. Me quedo trastornada, pasa al lado mía, justo al lado, y de mis adentros sólo consiguió salir una vocecita que preguntaba por un tal ''Pablo''. Se fue. Minutos más tarde, vi aparecer un coche... los asientos de atrás los ocupaban dos hombres, Álvaro y Polo. Esta vez, mi voz sonó como la de una loca, pero me daba exactamente igual porque estaban aquí y yo ya estaba en cola. De repente veo a una persona conocida, me dice que igual me puede meter al camerino, me quedo aturdida. Después de media hora que por cierto se me hizo eterna, me dijo que sí, que podía meterme. Pero como no todo es color de rosa había un problema, de tres amigas sólo podíamos entrar dos. Una se quedaba fuera, en cola. Nos fuimos las dos con la tristeza en la cabeza por haber dejado a la otra amiga en cola, y fuimos rápidamente temblando. Esperamos cinco minutos o menos pero para mí fueron puñaladas, por fin oí al manager diciendo ''venga chicas'' o algo parecido.
La segunda parte en la próxima entrada...
Cinco o seis de la tarde, sabía que me esperaba una gran noche en la que podría encontrarme con la tristeza o con la felicidad. Decidí bajar a la barraca para situar en mi cerebro el lugar de los camerinos y para ver el ambiente que había, con la cabeza llena de pensamientos de desesperación, crucé los dedos lo máximo que pude y recé para que no hubiese nadie en cola a esas horas. Llegué, ¿qué me encontré? El recinto abarrotado de personas cantando, pregunté y ni caso, ni idea de sobre qué hora aproximadamente llegaría Pignoise. No sabía qué hacer, si volver a mi casa o quedarme allí, sabía que de un momento a otro las fans podrían ponerse en la cola y tenía miedo, miedo a fracasar porque sinceramente ya no me quedaban esperanzas para otro concierto más. Volví a mi casa con la intención de volver pronto, desesperada, ya empezaba a confundir ''concurso'' con ''concierto'' y veía a cualquier persona como un fan, tanto si tenía 7 años como si tenía 80. Estaba perdiendo el juicio y la paciencia. Cené rápidamente mientras revisaba todas las redes sociales de ellos en busca de algún mensaje, alguna hora, algún detalle que me pudiese ayudar. Al fin lo encontré, Polo había puesto en Twitter: "Camino a torrevieja!!que ganas de tocar....". Eso implicaba dos cosas:
1. Tenía que bajar lo antes posible.
2. Les quedaba muy poco tiempo para pisar Torrevieja.
Un suspiro. Eran las siete y estaba de camino, sufriendo, temblando y rezando, no podía más con la presión. Me desesperé al confundir la cola de los gofres con la cola del concierto. Por fin, ya estaba en cola, lo había conseguido. Había dos grupos de amigos solamente, salvación, había llegado a tiempo. Después de tres horas y media de cola intensa, veo que se acerca un hombre de pelo negro y rizado, con gafas y una capucha. Es Pablo, sí, es él. Me quedo trastornada, pasa al lado mía, justo al lado, y de mis adentros sólo consiguió salir una vocecita que preguntaba por un tal ''Pablo''. Se fue. Minutos más tarde, vi aparecer un coche... los asientos de atrás los ocupaban dos hombres, Álvaro y Polo. Esta vez, mi voz sonó como la de una loca, pero me daba exactamente igual porque estaban aquí y yo ya estaba en cola. De repente veo a una persona conocida, me dice que igual me puede meter al camerino, me quedo aturdida. Después de media hora que por cierto se me hizo eterna, me dijo que sí, que podía meterme. Pero como no todo es color de rosa había un problema, de tres amigas sólo podíamos entrar dos. Una se quedaba fuera, en cola. Nos fuimos las dos con la tristeza en la cabeza por haber dejado a la otra amiga en cola, y fuimos rápidamente temblando. Esperamos cinco minutos o menos pero para mí fueron puñaladas, por fin oí al manager diciendo ''venga chicas'' o algo parecido.
La segunda parte en la próxima entrada...
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