Voy a contar un sueño, un sueño hecho realidad, mi sueño.
Cinco o seis de la tarde, sabía que me esperaba una gran noche en la que podría encontrarme con la tristeza o con la felicidad. Decidí bajar a la barraca para situar en mi cerebro el lugar de los camerinos y para ver el ambiente que había, con la cabeza llena de pensamientos de desesperación, crucé los dedos lo máximo que pude y recé para que no hubiese nadie en cola a esas horas. Llegué, ¿qué me encontré? El recinto abarrotado de personas cantando, pregunté y ni caso, ni idea de sobre qué hora aproximadamente llegaría Pignoise. No sabía qué hacer, si volver a mi casa o quedarme allí, sabía que de un momento a otro las fans podrían ponerse en la cola y tenía miedo, miedo a fracasar porque sinceramente ya no me quedaban esperanzas para otro concierto más. Volví a mi casa con la intención de volver pronto, desesperada, ya empezaba a confundir ''concurso'' con ''concierto'' y veía a cualquier persona como un fan, tanto si tenía 7 años como si tenía 80. Estaba perdiendo el juicio y la paciencia. Cené rápidamente mientras revisaba todas las redes sociales de ellos en busca de algún mensaje, alguna hora, algún detalle que me pudiese ayudar. Al fin lo encontré, Polo había puesto en Twitter: "Camino a torrevieja!!que ganas de tocar....". Eso implicaba dos cosas:
1. Tenía que bajar lo antes posible.
2. Les quedaba muy poco tiempo para pisar Torrevieja.
Un suspiro. Eran las siete y estaba de camino, sufriendo, temblando y rezando, no podía más con la presión. Me desesperé al confundir la cola de los gofres con la cola del concierto. Por fin, ya estaba en cola, lo había conseguido. Había dos grupos de amigos solamente, salvación, había llegado a tiempo. Después de tres horas y media de cola intensa, veo que se acerca un hombre de pelo negro y rizado, con gafas y una capucha. Es Pablo, sí, es él. Me quedo trastornada, pasa al lado mía, justo al lado, y de mis adentros sólo consiguió salir una vocecita que preguntaba por un tal ''Pablo''. Se fue. Minutos más tarde, vi aparecer un coche... los asientos de atrás los ocupaban dos hombres, Álvaro y Polo. Esta vez, mi voz sonó como la de una loca, pero me daba exactamente igual porque estaban aquí y yo ya estaba en cola. De repente veo a una persona conocida, me dice que igual me puede meter al camerino, me quedo aturdida. Después de media hora que por cierto se me hizo eterna, me dijo que sí, que podía meterme. Pero como no todo es color de rosa había un problema, de tres amigas sólo podíamos entrar dos. Una se quedaba fuera, en cola. Nos fuimos las dos con la tristeza en la cabeza por haber dejado a la otra amiga en cola, y fuimos rápidamente temblando. Esperamos cinco minutos o menos pero para mí fueron puñaladas, por fin oí al manager diciendo ''venga chicas'' o algo parecido.
La segunda parte en la próxima entrada...

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